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Después de unas semanas de espera, aquí tenéis la segunda parte de los imprescindibles. En esta entrada hablaremos de lo que necesitamos para salir a pasear con el bebé.

Como ya os dije el día que presentaba esta serie de entradas, cada familia y cada bebé decidirá lo que realmente necesita para salir de paseo. Pero así como con otras cosas los deseos de los padres pueden adaptarse más o menos a las necesidades del bebé, el tema del paseo con el bebé puede volver totalmente loco a cualquiera. Y es que tú puedes desear con todas tus fuerzas salir de paseo con el capazo más caro y bonito del mercado, pero si tu bebé decide que no le gustar ir estirado lejos de tus brazos, los paseos pueden convertirse en una auténtica pesadilla. Y a la inversa igual: quizás eres un padre que está decidido a portear a su bebé día y noche… os tengo que decir que hay bebés a los que nos les gusta sentirse enganchados al cuerpo de sus padres sin posibilidad de movimiento.

Mientras preparaba esta entrada una mami a la que sigo publicó una entrada sobre el tema y tengo que decir que me pasó exactamente igual, pero al revés. P fue un niño de porteo, desde el primer día hasta que ha caminado por todos lados. G desde el primer día ha adorado su capazo. Todo depende del temperamento del niño, básicamente.

Pero entremos al tema, porque como veis, hay dos opciones básicas: cochecito o porteo.

Capazo y silla de paseo : la principal preocupación y, habitualmente, el objeto de deseo principal de toda casa que espera un bebé. Cuando estás embarazada, y ya pasas de la semana 20, parece que el mundo entero de alinee para atacar a los padres primerizos con la eterna pregunta: “¿Ya tenéis el cochecito? Pensad que según el que elijas ¡pueden tardar meses en dároslo!”. Os explico un secreto: los niños no necesitan el cochecito para nacer.

El siguiente secreto que os quiero explicar es que no sé demasiado de sillitas. Hay millones de modelos y tipos, marcas, submarcas,… es un mundo casi infinito, con copias baratas de sillitas caras, versiones light, cuatro por cuatro, sillitas que se estiran del todo, otras que reclinan con el reposapiés… ¿Os digo la verdad? La única cosa que sé es lo que he buscado para mis hijos, y lo sé gracias a horas navegando por la red y leyendo a gente que sabe muchísimos más que yo. Y es que con mi manía con las sillitas para el coche no he tenido tiempo para nada más. En su momento no me preocupé de este tema porque P heredó sillita de sus primos, pero la sillita en cuestión terminó destrozada literalmente (era el séptimo niño que la usaba) así que al final tuve que rascarme el bolsillo para tener un lugar donde dejar caer a G. Y entonces descubrí cuatro puntos básicos que debería querer cualquier padre: un capazo de tela (de los que NO están homologados como sistema de retención infantil para ir en coche), una sillita en forma de 4, unas buenas amortiguaciones y un chasis ligero y/o con unas buenas ruedas que permitan una buena maniobrabilidad. Eso creo que es la base de todo. A partir de aquí la elección dependerá de las necesidades y el uso que le vaya a dar cada familia: dimensiones reducidas del ascensor o el coche, tipo de terreno por el que caminaréis, importancia que se le dé a la posibilidad de tener sillita reversible, gustos estéticos, silla ligera si no se tiene ascensor en casa,… pero os explicaré el porqué de los cuatro puntos citados:

Capazo de tela: es lo que pedirían todos los bebés del mundo si pudieran hablar. Un capazo de tela es lo más parecido a una cama: transpirable, aislante del frío en invierno y del calor en verano, contacto blando, grandes dimensiones, libertad de movimiento,… Además, por el hecho de ser de tela acostumbran a ser fácil y rápidamente plegables para meterlos en el maletero o guardar en el armario.
Para mí, sin embargo, lo más importante es el hecho de que ser de tela los convierte en la antítesis del capazo homologado para ir en coche como grupo 0, uno de los objetos más monstruosos que conozco dentro del mundo de la puericultura: pensados para llevar al niño en el coche, están hechos de materiales ignífugos y, en el coche, sólo se pueden instalar en sentido perpendicular a la marcha (poniendo en peligro al bebé en caso de impacto), llevan unos arneses que atan al niño (lo que hace que el colchón esté agujereado para pasar dichos arneses) y acostumbran a tener dimensiones bastante reducidas. Todo lo que yo no querría como cama para dormir, sinceramente… pues supongo que mis hijos tampoco lo querrían. Y de hecho, P no lo quiso. Ese era el tipo de capazo que heredé y P ni lo tocó. Simplemente lo odiaba. Si tenéis la suerte de heredar un capazo de este tipo usadlo, evidentemente… quizás a vuestros hijos les gusto. Pero por favor, no lo uséis nunca para ir en coche en sentido perpendicular a la marcha. Los niños, en el coche, SIEMPRE a contramarcha (sí, mirando hacia atrás).
¿Cómo identificar un capazo homologado para ir en coche? Capazo con estructura de plástico, arneses para atar al niño y ganchos en los dos extremos que cuelgan (y que son los que se usan para pasar los cinturones del coche). Si lo veis, huid y no miréis atrás.

Sillita en forma de 4: ergonómicamente hablando es lo más adecuado para el bebé, una vez pase a la sillita. Si el niño aguanta en el capazo hasta los 6 meses podría ser un punto discutible, porque ya no sería tan determinante, pero si (como pasa muchas veces) el niño llega el día que se muestra inquieto en el capazo y demuestra que quiere ver mundo antes de los 6 meses es importante que tenga esta forma para evitar que resbale hacia abajo. Si además se puede reclinar totalmente dejando al niño estirado, mejor que mejor. Mayor comodidad para las siestas. Una sillita en forma de cuatro se reclina como un bloque, la espalda y las piernas siempre en el mismo ángulo de 90º. En una sillita sin forma de cuatro, cuando el niño se estira (ya hablamos de niños mayores) las piernas cuelgan, forzando una postura en la parte baja de la espalda que sobrecarga la zona. Imaginaos estirados en la cama con las piernas (desde la rodilla hacia abajo) colgando. Esta postura forzada no es nada cómoda.

Buenas amortiguaciones: Este punto es importante sobre todo para los bebés. Pensad en la cantidad de irregularidades de las calles. Cada vez que paséis por encima de uno de ellos con una sillita sin amortiguaciones estáis provocando un golpe en la espalda del niño. A mejor amortiguación, mayor comodidad para él. Y yo busco la máxima comodidad. Cuando tengáis que bajar aceras o atravesar un parque de arena con un bebé dormido agradeceréis infinitamente que el coche tenga los mejores amortiguadores del mercado. El sueño del bebé depende de ello (y de muchas otras cosas, pero este no es el tema de hoy jejejejeje), sobre todo mientras aún mantienen bien despierto el reflex de moro.

Chasis ligero y/o con buenas ruedas para una buena maniobrabilidad : de los cuatro, es el único que no condiciona la comodidad del niño sino la del padre/abuelo/conductor habitual, pero podría ponerla en segundo lugar. Cuando un bebé nace y peso a duras penas cuatro quilitos puede parecer poco importante. Cuando, como yo, necesitas arrastrar cochecito (con sus quilos), bebé (de casi ocho quilos) y niño mayor (de más de trece) sentado en el patinete, que la sillita se pueda conducir con facilidad, incluso con una sola mano, no tiene precio, de verdad.

Lo que os diría es que hagáis un resumen de las características básicas que buscáis y vayáis a una tienda especializada. Habrá puntos a los que podréis renunciar y otros que serán innegociables. La sillita perfecta no existe pero podéis encontrar una que se adapte el máximo a vosotros y a vuestros bebés. Sobre todo, tened en cuenta que los usuarios del cochecito son los niños. Pensad en ellos y su comodidad sobretodo.

Porteo (fulares, mochilas,…): como porteadora habitual os diré que los primeros meses, cuando la mayoría de los niños buscan irremediablemente el contacto con los padres, el porteo se convierte en la única solución posible para hacer una vida mínimamente normal. Precisamente esta mañana una madre a la que sigo hablaba de esto en su blog. La cuestión es que puede surgir (o no) de una necesidad (tener las manos libres y/o garantizar unas mínimas horas de sueño al niño sin tener que estar tú también estirado con él día y noche) pero el porteo se convierte en un auténtico placer para padres e hijos… Todo el mundo que lo ha probado lo ha terminado disfrutando.

Para portear con seguridad a tu bebé hay que tener claros dos conceptos: es importante adaptar el elemento a la edad del niño y es importante que los que uséis sean ergonómicos. Vuelve a aparecer la palabra ergonomía, y es que en el caso de los niños hay que tener muy en cuenta su particular fisiología. Cuando nacen no están preparado para llevar la espalda y las piernas estiradas. Esta postura no respeta su cuerpo y crea tensiones innecesarias. Y ya habréis comprobado, si habéis leído alguna otra entrada en mi blog, que yo soy madre de no forzar posturas ni situaciones. Pero en este caso es aún más importante. Los portabebés ergonómicos son los que respetan la postura natural del bebé: espalda curvada, piernas encogidas (los primeros meses con las rodillas por encima del culito en postura de ranita) y cabeza contra el corazón del porteador. Así es como ellos se sienten como en casa, tranquilos, en paz con el mundo.

Para los primeros meses yo he usado un fular elástico. Para mí es maravilloso, fácil y práctico. Los dos lo han adorado. Cuando ya han sido suficientemente mayores han pasado a la mochila (siempre ergonómica, huid de BabyBjorns de turno) y la hemos usado mucho tiempo. P de vez en cuando aún la usa, con sus 13 quilos y 2 años y medio. Dado que siempre la llevamos bajo el cochecito para momentos críticos con G, cuando P se ha cansado mucho de caminar la hemos usado. El punto a favor de las mochilas ergonómicas es que lo son tanto para los niños como para los padres. Llevar a un niño de 15 quilos colgando de una mochila no ergonómica tiene que ser un auténtico suplicio. Llevar uno de 20 es simplemente inviable. De hecho, cuando el niño pesa unos 8 o 9 quilos, si la mochila no es ergonómica pasa a mejor vida irremediablemente… ya hablé de ello hace unos meses en otra entrada.

Como no quiero extenderme más en el tema ergonómico vs no ergonómico os dejo sólo una imagen, que dicen que vale más que mil palabras, y un enlace a una entrada que habla extensamente del tema y con mucho rigor.

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Sillita de segunda edad : para acabar. Os tengo que decir una cosa antes de entrar en el tema: las sillitas de segunda edad no son una necesidad real para los niños, somos los padres lo que en algún momento, por el motivo que sea, la podemos necesitar.

Las sillitas de segunda edad, popularmente conocidas como sillitas tipo paraguas, se hicieron populares hace unos años porque muchas guarderías, por cuestiones de espacio, pedían a los padres que dejasen las sillitas de dos piezas en casa. No les quito la razón, cuando tienes veinte niños que llegan a la escuela con sillitas inmensas necesitas una clase entera para poderlas dejar. En este caso las sillitas de segunda edad permiten a los padres llevar a los niños a la escuela sin tener que ir en brazos a caminando. Perfecto. Cuando tienes que llevar a un niño de más de un año arriba y abajo, coche hacia el cole, coche hacia casa, ahora en casa de los abuelos, ahora en la escuela,… es una herramienta muy y muy útil.

Con esto claro, el titular del tema: las sillas de segunda edad son una auténtica piedra. Tanto da que compres la más cara del mercado. Todas son igualmente pesada y malas de conducir, e igual de incómodas para los niños. Mirad la estructura de hierros que tienen en la espalda y pensad en cómo os sentís vosotros cuando os sentáis en una silla de esas de hierro en las terrazas de los bares en verano.

Cuando el niño tiene seis meses o un año y la compras te parece maravilloso, piensas que perder de vista el mega-coche es una liberación. Con los meses te das cuenta de tu error: las sillitas de segunda edad son muy difíciles de maniobrar, sus particulares características las hacen ser así, no hay más. Queremos una estructura ligera, ruedas pequeñas, plegado minúsculo. Acaban siendo un trozo de hierro incómodo para el niño e incómodo para el conductor. Y eso se acentúa cuando el niño ya no pesa 7, 8 o 9 quilos. Cuando el niño llega al año y supera los 11 o 12 quilos el tema se complica. Es habitual oír la frase: “he tenido que mirar que no llevara los frenos puestos, ¡esto no se mueve!”.

Yo compré un de las “sencillas” porque ya me habían avisado. Estoy muy contenta con ella. La hemos usado cuando nos hemos ido de viaje y durante muchos meses para ir a llevar y recoger a P de la escuela. Si queréis comprar la súper McLaren que sea porque queréis, no porque penséis que será mejor que la que cuesta sólo 100 o 150 euros. Os aseguro que son exactamente igual de malas.

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